Diario de Kalen Avanir
TE 6047, Orhan 5, día 20
Prevan, a lo largo de un afluente del Rio Ryanna.

A nuestro regreso de la Frontera del Norte el tiempo se volvió malo, por lo que Jad y yo decidimos retrasar nuestra vuelta a Leathes unos días; a pesar de las advertencias del posadero de Echolshyre.

Ya he mencionado que me habría gustado visitar una remota escuela en las tierras de mi padre, cierta 'Escuela de Gryphon'. Jad, aunque no es un estudioso entusiasta, estaba indeciblemente feliz de aceptar cualquier desvío que retrasase la dura rutina de nuestro hogar.

De acuerdo con el mapa que había copiado en la biblioteca de Leathes, el camino hasta este colegio era una senda que dejaba a un lado el Camino del Halcón a unas 15 leguas de la Carretera de Steppe. Así que, después de pasar la noche del 17 en el pueblo de Cherbourg justo en la encrucijada (en una posada llamada flecha Rota, una de las favoritas de Jad), hicimos vía a buen ritno el primer día hacia el oeste. Pasamos la siguiente noche en una casa de huéspedes en la aldea de Brayden Notch. Los barracones eran modestos, pero aún así infinitamente mejores que el duro y frío suelo. Y ahora ya nos encontrábamos en las tierras de mi padre, una distinción artificial, sin duda, ya que estabamos demasiado cerca de la frontera del Ducado de Prevan.

Era media tarde cuando llegamos a un cruce en el camino que venía del norte que parecía ser lo que estaba buscando. A diferencia de los toscos senderos de granjas que cruzaban de manera frecuente el pavimentado Camino del Halcón, este demostraba cierto mantenimiento. Un pilar de piedra a uno de los lados, aunque sin marcas, sugería que se trataba de algo más que las sendas del ganado.

Mientras el sol descendía por detrás de nuestros hombros, cabalgamos a través de una paisaje de árboles solitarios, campos grises y marrones y granjas dispersas. Nuestro camino trepaba de manera continuada, hasta una región que nuestro mapa llamaba Colinas Dunny. Afortunadamente no corría demasiado viento, y el aire no era del todo helado. Aún así, el sol durante todo el viaje había sido un pálido reflejo, por lo que me encontré deseoso de una silla confortable y una chimenea caliente.

A no más de una legua del Camino del Halcón nos encontramos con una corriente de agua bastante ancha que cortaba el camino. Aunque de aguas rápidas, no hacía más de 5 metros y parecía que su profundidad no era demasiada, por lo que instamos a nuestro caballos a meterse en el agua clara.

Jad y su caballo Barron alcanzaron el otro extremo sin incidentes, pero cuando estaba a un metro de la orilla, Sorris se paró y no quiso continuar. Al final, me bajé de su lomo, quedando cubierto hasta las rodillas de la gélida agua. Estaba intentando conducir a mi montura hasta la orilla, intentando ignorar la fría agua que se colaba en mis botas y que estaba empapando mi ropa interior, cuando un destello de luz en el fondo fue visto por mi ojo. Algo que está reflejando el sol del atardecer, pensé, cuando me dí cuenta de que el ángulo era incorrecto. Conforme me fui acercando vi que se trataba de algo que tenía su propia luz, ¡como una brillante llama de una vela pero bajo el agua! Lo alcancé y mis dedos se cerraron sobre un objeto pequeño y redondo. Era demasiado liso y esférico como para ser una piedra de río; era algo realizado por el hombre. En el momento de sacarlo del agua me di cuenta de que el orbe estaba unido a una cadena dorada. Cuando abrí mi mano, ví una esfera de cristal con un delicado objeto en medio suyo. Este objeto era un estilizado pájaro con sus alas desplegadas, engarzado con joyas de color ámbar y rojo. Era un fénix, ¡el símbolo del Imperio Rhakhaano! No sólo era una pieza artesanal de excepcional belleza y sutileza, sino que el cristal no tenía ni un arañazo. Deduje que debía tratarse de un artefacto de algún tipo: la verdad es que no tenía mucha experiencia en estas cosas. Resolví examinar el curioso objeto más tarde, por lo que me lo metí en el bolsillo interno de mi túnica y continué cruzando el vado.

· Capítulo Tres - La Universidad ·

Más allá del vado la tierra se elevaba de manera continuada, guiando el camino poco usado a Kalen y Jad a lo largo de diversas granjas rústicas y sus pasturas; conforme avanzaban el terreno se volvía más irregular, hacia un bosque espeso. Las nubes se movieron conforme se ponía el sol, y aunque no amenazaban lluvia (o nieve) de manera inminente, el cielo pesado de color gris hizo que la noche callera rápidamente.

Kalen deseaba llegar a la universidad antes de que fuese noche cerrada para poder pedir alojamiento para dormir. Si llegaban después de que oscureciese del todo sería más difícil encontrar sitio... suponiendo que existiese un sitio de esas características. Mientras se adentraban en las postrimerías del bosque, consideró si no sería mejor retroceder hasta la última granja y pedir sitio para dormir en el granero... pero lo descartó. Con seguridad podrían encontrar una habitación y una cama de verdad en la universidad, intentaba convencerse.

El camino se fue estrechando hasta que tuvieron que ir en fila. Tenía mucho sotomonte y estaba poco mantenido, pareciendose más a un camino de cabras que a uno por el que se aventurasen humanos. Abetos, robles y olmos se amontonaban a ambos lados de la senda. Las hojas secas cubrían el camino y el suelo alrededor, haciendo más difícil si cabía determinar por dónde debían ir.

La noche cayó con rapidez sobre los viajeros, y con la oscuridad, sus caballos desarrollaron una repentina reluctancia a seguir hacia adelante.

"Adelante, chico" dijo Jad sacudiendo las riendas cuando su jamelgo hizo una parada. Barron se movió con dificultad pero no quiso avanzar.

"Sorris tampoco quiere seguir" le dijo Kalen desde atrás. "Quizá si desmontamos y los guiamos..."

"Sucede algo raro. Me dá escalofríos." Jad tiritó, y se bajó de su caballo.

"Yo también lo siento" asintió Kalen mientras descabalgaba. Palmeó a Sorris de manera amable, y arrugó su nariz. "¿Qué pasa, chico? ¿El lugar te parece tenebroso?"

El animal relinchó y pateó el suelo, intentando retroceder.

"Barron está igual, nervioso, pero creo que podremos llevarles" dijo Jad. Cogió las riendas y con un tirón fuerte y constante consiguió que su montura siguiese adelante.

Después de unos pocos metros de caminar por el camino, llamó a su primo, "¿Kalen? ¿No crees que esto está... demasiado oscuro?"

"¿Te has dado cuenta?" Kalen ya había observado que era más difícil de lo habitual ver en esa noche, pero asumió que su primo al ser un elfo de pura sangre no tendría el mismo problema. Aunque la visión nocturna de Jad era mejor que la de Kalen, ambos eran capaces de ver bastante bien a la luz de las estrellas. Por supuesto que este no era el caso ya que el cielo estaba totalmente encapotado.

"Casi no puedo ver más allá de los primeros metros. Quizá debieramos acampar... y encender una fogata." aventuró Jad sin entusiasmo.

Kalen compartió la reticencia de su primo. Como si la oscuridad no fuese suficientemente mala, parecía que se levantaba un niebla del cercano río, que aportaba un frío húmedo al aire. El lugar provocaba una sensación de rechazo que les hacía cada vez más difícil el avanzar. Al final, sacó una lámpara de una de las alforjas, la encendió y se la dió a Jad.

"Tú guías, que puedes ver mejor. No puede estar demasiado lejos." murmuró.

"Eso si el mapa es correcto" dijo Jad, el optimista.

La oscuridad total dió paso a un muro de niebla gris iluminado por la lámpara. Tropenzado en el camino, tirando de sus caballos a cada paso, los chicos continuaron. Tres troncos aparecieron como fantasmas en medio de la extraña y luminosa neblina mientras Jad movía la linterna adelante y atrás intentando encontrar el camino.

"¿Has oido eso?" Jad y Barron se pararon tan repentimente que Kalen y Sorris casi chocan con ellos.

"¿Y ahora qué?" dijo el Señor con un ligero tono de molestia en la voz.

"Algo ha pasado sobre nosotros. Algo grande" dijo Jad de manera ominosa.

"Grande, ¿cómo si fuese una lechuza?"

"No , Kalen, más grande. ¿No ves como se mueven las hojas del suelo? Sentí el viento que produjo, oí sus alas, pero parecía como si... algo... fuese incorrecto."

"No, no pude ver nada." suspiró Kalen.

"Ya se fue" Jad comenzó a avanzar, con su cabeza inclinada.

Continuaron ascendiendo durante un tiempo, con Kalen imaginándose que ya estarían casi en la cima, cuando el camino se adentró a través de una estrecha grieta rocosa que incluso él pudo ver. La sensación de malestar se volvió más intensa: parecía el lugar perfecto para una emboscada.

"Jad... ten cuidado" medio susurró.

"Sí, mi Señor" La formalidad de su primo era perturbadora. Kalen escuchó como Jad preparaba su espada por lo que le imitó.

"Poco podrán hacer por nosotros mis escasas dotes de lucha", pensó lamentándose. Jad le había dejado atrás. Kalen comenzó a desear que nunca hubiesen tomado esta camino, que nunca hubiesen dejado la fortaleza de su padre. Esto era una locura. Si algo le pasaba a Jad...

La resistencia continuó, casi como si una barreta física le empujase hacia atrás. Justo cuando Kalen pensaba que no podría dar un paso más, sintió un hormigueo en su pecho... ¿algo en el bolsillo de su túnica? Se metió la mano en el bolsillo y sintió lo que encontró antes en el río. ¡Pero estaba caliente al tacto! Lo sacó, para darse cuenta de que no sólo estaba caliente, si no que emitía una luz dorada. Cuando observó el interior de la esfera de cristal, vió que el Fénix de su interior brillaba mucho, más incluso que la lámpara que sostenía Jad.

"Kalen, ¿qué...?" Jad se dió la vuelta, callándose mientras veía lo que su primo sostenía en su mano. "¿Qué es eso?"

"El Fénix". sonrió Kalen. "Lo encontré en el río que cruzamos hace unos kilómetros. Debe estar encantado". Lo sostenía en alto agarrado por la cadena, brillando incluso más conforme lo fue girando. Ahora brillaba con la intensidad de diez lámparas, iluminando por completo los muros de piedra que se alzaban a ambos lados de la senda.

"Hechicería" bufó Jad, intentando ocultar su maravilla con un tono de mofa.

"Es luz. Movámonos" Kalen se sintío de manera inexplicable alentado con su pequeña esfera brillante, e incluso los caballos parecían más calmados.

Unos pocos metros más entre los muros de roca y de repente salieron de la grieta. El Fénix redujo la intensidad de su luz hasta un casi imperceptible fulgor, pero el camino aparecía ahora claro del todo: la niebla y la oscuridad opresiva habían quedado atrás. Descendiendo de manera suave, el camino iba ensanchándose. Los árboles se fueron dispersando y las piedras marcaban el camino. Los caballos parecían deseosos de seguir, por lo que los chicos montaron y cabalgaron, ahora uno al lado del otro por el cuidado camino.

Hacía menos de dos kilómetros que cabalgaban cuando los árboles desaparecieron y pudieron ver su destinación. En medio de una extensa pradera y cerca de un pequeño río, había un pequeño grupo de edificios de piedra. Era indudablemente un lugar fortificado, por su apariencia, con un muro que lo circundaba y un zona despejada más allá de la estructura. Pero las luces brillante que salían de diversas ventanas eran no obstante una visión bienvenida.

"Por todos los Dioses" respiró Jad. "¿Esto siempre ha estado aquí, a dos días del castillo de tu padre?"

"Por lo que he leído, ha estado aquí desde mucho antes de la creación de Prevan. Se supone que fue construido antes de las Guerras del Dominio".

"¡Pero eso son decenas de siglos! Ningún edificio puede durar tanto."

"Los edificios normales quizá... a menos que sean encantados. O quizá la estructura haya sido levantada de nuevo. Pero el lugar, la universidad, ha estado aquí todo ese tiempo".

"¿Y aún así no está dentro de los dominios de tu padre?"

"No estoy seguro. Está dentro de su territorio, pero creo que no, a menos que tuviese un trato especial por parte del Emperador. Mi padre nunca lo ha mencionado."

"¡No es que tú y tu padre hableis demasiado!" Jad tocó un tema delicado, y sabiéndolo se arrepintió inmediatamente. "Lo siento, Kalen. No quería decir..."

"No es culpa tuya, no te sientas culpable." Kalen se apresuró a disculpar a su primo. Nadie estaba más preocupado que Kalen por el hecho de que el Duque Elrad se hubiese apartado de la vida familiar desde la muerte de su primer hijo. Pero de alguna manera Kalen se sentía aliviado. Sabía que nunca podría ser como su medio hermano mayor, el hijo que Elrad siempre quizo: un guerrero, el herededo del ducado. De todas maneras, Kalen no había sido tocado por el don realmente. Un estudioso y un músico, según sus tutores, quizá incluso un pobre hechicero de la Esencia. Nada de todo esto había hecho desistir al Duque de la necesidad de un heredero fuerte en ese imperio brutal. Incluso Jad había probado ser un mejor hijo, pensó Kalen lamentándose.

Conforme se fueron acercando a la puerta del recinto, Kalen observó los enormes Grifos agachados encima de los pilares a ambos lados de la entrada. Aunque eran claramente el mismo animal (cuerpo de león con alas y cabeza de águila), eran algo diferentes a las criaturas que habían visto en el lejano norte: los Guardianes. Y la piedra de la que estaban hechos eran de un gris verdoso oscuro, liso y bello.

Aunque se encontraban aún a un tiro de piedra de las puertas, éstas comenzaron a abrirse sobre sus brisagras silenciosas. No se veían porteros, pero en medio del camino se vislumbraban tres hombres jóvenes, todos vestidos con ropajes sencillos. Dieron un paso atrás y se inclinaron. Kalen pudo ver que uno de ellos no era joven, si no un Elfo, posiblemente de los Erlinis, los elfos de los bosques.

"Bienvenido, Señor Kalen Avenir, Señor Jad Hurok. Soy Larieg, Prefecto de Nomar Tyl. Bienvenidos a la Universidad Gryphon. Os estábamos esperando."

"¿Cómo... cómo decís?" tartamudeó Kalen.

"Vuestra llegada ha sido observada. Y por supuesto procuramos en nuestros negocios familiarizarnos con la familia de nuestro Duque".

Kalen pensó que había detectado un tinte de sarcasmo en la voz de Larieg cuando se refirió a "nuestro Duque". Mientras el líder estaba hablando, los otros dos, también Erlini, se había aproximado y cogido las riendas de los caballos. Barron y Sorrel respondieron rozándoles con sus hocicos como si fuesen viejos amigos.

"Cuidaremos de vuestros caballos mientras esteis aquí como nuestros huéspedes". Aseguró Larieg. "Vuestro viaje a tenido que ser cansado; por favor, seguidme. Hemos preparado habitaciones para vosotros. No tan lujosas como las de palacio en Leathes, pero espero que más confortable que los establos de las granjas."

Otra vez Kalen sintió que Larieg se estaba riendo de él. Algo en la sonrisa torcida y las cejas levantadas que parecía remarcar cada frase. ¿Y cómo sabía que Jad y él se aproximaban? ¿Algún tipo de magia quizás? Kalen había oido hablar de estas cosas, guardianes mágicos. Pero Larieg también sabía quienes eran, aparentemente mucho antes de que se hubiesen acercado a las puertas de la universidad. Kalen comenzó a sentir como si le estuviesen observando todo el rato. Sólo deseaba que las gentes que dirigían esta lugar no tuviesen intención de hacerles daño.

Por lo menos Barron y Sorris parecían cómodos. Después de que Jad y Kalen desmontase, los caballos relincharon alegremente, y permitieron que los llevasen, moviendo las colas mientras se alejaban. Mientras tanto, Larieg condujo a Jad y a Kalen a través de la entrada principal, donde las enormes puertas de madera talladas siguieron abriendose mientras pasaban. Kalen observó que el lugar estaba construido en la misma piedra verde grisácea que los pilares del portal. Parecía granito, con muchas vetas de otro sutil color. También observó cómo estaban encajados los bloques de piedra con maestría, incluso de una manera que sólo había visto antes en una ocasión... ¿dónde había sido? ¡Claro! En el pueblo de Gryphonburgh. El viejo puente era de la misma piedra y había sido construido con la misma habilidad. Debía de existir alguna conexión.

Una gran escalera dominaba el patio interior. Pero Larieg no tomó ese camino, giró a la izquierda y entró por una puerta lateral, a través de un largo pasillo, y subió una estrecha escalera de caracol. "Este es el mejor camino hasta los cuartos de invitados" explicó. Subieron un piso, giraron a la izquierda y retrocedieron por el mismo camino pero dos cuartos más allá que antes, donde su anfitrión abrió otra puerta.

La habitación que había detrás, aunque no era suntuosa, era mucho mejor alojamiento que cualquier habitación de posada de una ciudad, excepto por la mejor de ellas. Era espaciosa y estaba aireada, con una ventana hacia el oeste. Los muros de piedra que daban a la pared exterior estaban cubiertos por tapices, mientras que el resto estaban forrados de madera oscura. Un fuego ardía en el hogar, había una enorme cama doselada, y una nube de vapor perfumada salía de una tina que había en una de las esquinas.

"¡Una bañera!" sonrió feliz Jad, entrando de manera cómica en la habitación.

"Traeremos vuestras alforjas en un momento. Espero que esta habitación sea adecuada."

Kalen se volvió a tiempo para ver la sonrisa afectada de Laried.

"Son más que adecuadas. Muchas gracias a usted y a..."

"Zaris es la Canciller de nuestra escuela. La podreis ver mañana por la mañana. Si necesitais alguna otra cosa mientras tanto, por favor, llame." dijo indicándole la cuerda de una campana en la esquina.

"Nuestras gracias de nuevo" se inclinó Kalen.

"Es un verdadero placer tenerles como huéspedes" Larieg devolvió el cumplido, mientras salía del cuarto y cerraba la puerta. Esta vez Kalen no pudo detectar sarcasmo alguno.

Jad ya se había desnudado.

"¡Un baño de verdad! Venga, Kalen, !métete mientras el agua aún está caliente!"

El joven señor tuvo que admitir que la tentación de un baño caliente era irresistible. Se dejó caer en una silla, se sacó las botas, y siguió con el resto de sus embarradas ropas para dirigirse a continuación a la bañera. Jad, que ya estaba desnudo y dentro de la gran urna, cogió el brazo de su primo.

"El agua está perfecta, entra."

Introdujo los dos pies.

"¡Ouch!" la idea de 'perfecta' era demasiado caliente para el gusto de Kalen.

"Entra de una vez, estará fría antes de que te des cuenta" Jad agarró los hombros de su primo, impidiéndole retroceder.

Kalen tiritó, pero tuvo que admitir que el agua caliente estaba bien. Se metieron los dos en la bañera, aumentando el nivel del agua cuando se sentaron.

"Demasiado ansioso por meterme en la bañera; estoy comenzando a preguntarme si piensas que comienzo a oler como los mortales." murmuró Kalen.

"No, mi señor, no hueles" aseguró Jad con un rápido abrazo."Pero sí creo que no hay nada mejor para relajarse que un baño caliente con mi primo después de una larga jornada en el camino. ¿no tendrás problema con esto?"

"No, no del todo", dijo Kalen suavemente y sonriéndose.

Como era normal en ellos, Jad estaba detrás de Kalen con las piernas abiertas, para lavarle primero. "Hmm, creo que me gustará estar aqui." dijo Jad casi para sí mismo mientras toqueteaba todos los objetos que había en la mesa cercana. "Esponjas, peines, jabones... ¡este huele genial!, aceites... algo en un botella que pone 'para el pelo". ¿lo probamos?"

"¡Sólo si eres tú el primero en hacerlo!" exclamó Kalen, pero Jad ya estaba echando agua sobre la mata de pelo marrón de su primo. El Marqués se rindió ante el masaje de pies de su primo sin luchar.


Zaris estaba de pie ante la ventana de su despacho, mirando hacia la oscuridad, su mano izquierda cerrada sobre la esfera que colgaba de su cuello. Aunque los elfos Loari son casi inmortales, esta noche se sentía vieja... cansada. Sabía en su huesos que algo estaba a punto de suceder... algo que haría que la guerra entre Frelik el Pretendiente y el verdadero Rey de Rhankhaan pareciese el juego de dos niños con sus soldaditos de plomo. ¿No se había atrevido ir a la cámara de la Ilarsír desde hace cuánto tiempo? ¿un año? ¿diez años? ¿cien? Cuando has vivido setenta siglos, el paso de los años es como un flujo de días, murmuró para sí misma.

Y aquí estaba ella, usando el último legado de un reino de hombres para proteger esta universidad, un débil refugio contra el caos que había en algún lugar el exterior. Zaris se encontraba más aislada, menos proclive a la verdad, con cada estación que pasaba. A veces sentía que estaban solos. Y quería creer que, sin importar lo que pudiera pasar en todo el mundo, podría usar las ancestrales herramientas a su disposición para proteger este ténue refugio.

Pero era más sabia. Zaris había sobrevivido a las Guerras del Dominio. Lugares como su Universidad habrían sido rodeadas y caído bajo las fuerzas del mal si ellos no hubiesen tenido la ayuda de los Señores del Saber y de otros... incluso de los Señores de Orhan.

Pero eso pasó hace muchísimo tiempo. ¿Debería fiarse aún de los Señores del Saber? Parecían atrapados en la inercia de la burocracia. ¿Podemos contar siquiera con los Señores?

Zaris colocó la palma de su mano sobre su vientre casi de manera consciente en honor a Iloura, diosa de la fertilidad y las cosas vivas. Es más, como Animista, todos los días Zaris canalizaba poderes de esta Señora de Orhan. Pero no sentía el verdadero toque de su diosa desde hacía mucho tiempo. ¿Estaba Iloura aún ahí? ¿Le preocupaba lo que le pasase a un viejo Elfo en uno de los pequeños continentes del norte? La mano de Zaris se levantó para volver a tocar el frío orbe de cristal que tenía entorno al cuello. Era la esfera gemela que Kalen había encontrado ese mismo día (sin él saberlo), excepto que en el que llevaba Zaris había un diminuto Grifo prisionero. Aunque nos fallen los dioses, aún poseemos las herramientas que construyeron nuestros ancestros, pensó para ella misma.

Alguien llamó quedamente a la puerta.

"¡Entra!, espetó de manera más dura de lo que hubiese deseado.

Larieg entró y cerró la puerta trás de sí. "Nuestros huéspedes están en sus habitaciones, Canciller".

"Perfecto" encaró al prefecto, que era también uno de sus estudiantes favoritos. "¿Y qué opinas del heredero de Prevan y su escudero? ¡Habla sin rodeos!"

Un leve sonrisa apareció en el rostro de Larieg, para desaparecer rápidamente.

"Jóvenes. Ingenuos. Torpes." Hizo una pausa, como si estuviee buscando las palabras, para seguir de manera más suave. "Algo oculto. Potencial. ¿Fuerza?"

Zaris soltó el colgante y se dirigió a su escritorio. EL Grifo que había dentro del globo de cristal brillo con la luz de una vela.

"Bien dicho, pero no dejes que la arrogancia obtenga lo mejor de ti, Larieg. Complace las necesidades de nuestros huéspedes, pero me gustaría encontrarme con ellos en la tercera hora después del despunte del alba. Y... pon alerta a las patrullas de esta noche. Siento... algo que nos observa."

"Sí, Canciller." el estudiante inclinó la cabeza y se fue.

Un momento más tarde, una figura alta e inclinada salió de las sombras de la esquina del despacho de Zaris.

"Señor del Saber Terisonen", sonrió Zaris sin mirar hacia el alto Elfo. Se sentó detrás de su gran escritorio de madera de theg y comenzó a buscar entre un montón de pergaminos. "¿Qué te trae a mi humilde escuela.. sin invitación, como siempre, a mi oficina privada?"

"Creo recordar que me diste permiso para dejarme caer por aquí en cualquier momento".

"Recuerdame que no malgaste mi sarcarmo contigo. Demasiado sutil para ti." Hizo un gesto de desprecio con su mano y luego abrió un pergamino sobre la mesa.

"Para responder a tu anterior pregunta, varias cosas." Randae se sentó en una silla cerca de la chimenea, ignorando la reprimenda verbal de la Canciller."¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos, Zaris?" preguntó, mirando fijamente las llamas.

La animista se paró y le miró. Volvió a sonreir, recordando qué pupilo tan difícil fue Randae para sus maestros. Talentoso y guapo, Randae siempre había sido impetuoso y algo más que arrogante. Era un hombre encantador; incluso sin emplear sus encantamientos bárdicos, y él lo sabía. Randae había roto más corazones de jovenes damas de los que podía contar en todos estos años. También había roto o retorcido más que unas pocas de las reglas del Código de los Señores del Saber.

Pero había madurado hasta convertirse en un Señor del Saber maduro, quizá tomando demasiadas responsabilidades de hecho. Aunque era un elfo Iylar inmortal, Zaris había notado como se le marcaban unas pocas arrugas en su cara cuando fruncía el entrecejo.

"Unos pocos cientos de años, supongo. Desde que eras un Oficial".

"¿Los suficientes como para que confíes en mí?" Se dió la vuelta de repente para mirarla fijamente con esos desconcertantes ojos color avellana.

"Confío en tí, hasta donde yo sé." Enfrentó su mirada, hizo un mohín con sus cejas y volvió a sus pergaminos. "Tu corazón es sincero, más o menos, y te dedicas a los mismos fines que compartimos. Por otra parte, no te he dado permiso nunca para que teletransportes de manera aleatoria en mi oficina. Pero a parte de eso... ya hemos hablado anteriormente sobre los Señores del Saber. Nunca he estado de acuerdo con los límites que tu fraternidad impone sobre sus miembros. Y es tu deber decírselo a tus superiores."

"Y tú sabes que estoy de acuerdo contigo, así como sabes bien que nunca les he informado de nada con demasiado detalle sobre tí. Mis maestros están demasiado ocupados." Randae se sonrió, se levantó de repente y se dirigió hacia la ventana. "Pero también entiendo poruqé tienen esas reglas. Ese colgante que llevas debería recordártelo. Hemos intentado controlar las pasiones de los hombres con anterioridad y al final acabó con la destrucción total de Zor."

"Buenas intenciones, mal llevadas a cabo..." murmuró Zaris.

"¿Sabes los que dicen los Myri? El portal hacia Charon se abrió con buenas intenciones."

"Ah...sabiduría de tus pastores de ovejas de Tanaran." asintió Zaris, con sarcasmo evidente. "¿Han sabido alguna vez qué es Charon?"

"Dependemos demasiado de los viejos artefactos." Randae siseó lo de viejos. "Estos sencillos pastores son de los mejores pueblos con los que me he encontrado jamás. Cierto, nunca serán grandes Astrólogos o Videntes, pero tampoco se verán seducidos nunca por..." se giró hacia el escritorio y se acercó a la Animista élfica "...los Sacerdotes del Viento Férreo."

Zaris retrocedió ante su mención, pero se recompuso rápidamente.

"Claro. Tu también los has sentido."

Randae se enderecó y volvió hacia la ventana.

"Sí, parece que sean vuelto muy activos de nuevo no hace demasiado, lo cual me preocupa."

"¿Pero no así al Concilio de los Señores del Saber?" intentó Zaris.

"No tanto como creo que deberían hacer." admitió Randae. "Temo que el Viento Férreo, y los ancestrales artefactos de Tethior, tengan parte activa en el destino de Jaiman. Pero esa no es la principal razón de mi visita."

"¿Y cual es, Maestro Terisonen? Comienza a hacerse tarde y tengo una cita temprano."

"Ah, sí, con el joven Marqués de Endar y su intrigante primo." Randae obsequió a Zaris con una sonrisa torcida. "¿Qué interés tienes en un par de chiquillos de sangre mezclada?"

"Hay algo sobre ellos, sobre ambos, que conoces tan bien como yo. Han venido aquí por propia voluntad, y para ser sincera, hice para ellos más difícil del paso del bosque de Dumwood. Fue toda una sorpresa que fuesen capaces de penetrar la barrera que les puse."

"Haces bien de sorprenderte de ellos." reflexionó Randae. "Hay algo sobre ellos que desafía mis hechizos de análisis. Y su descendencia es intrigante."

"Si posees algún conocimiento especial sobre ellos, ¡me gustaría que lo compartiese conmigo!" espetó Zaris. Otra vez volvió a lamentarse de su tono cortante. ¿Por qué era tan ruda? El Señor del Saber, aunque a veces podía ser exasperante, nunca la había hecho sentir tan ansiosa como ahora.

Sin embargo, Rande le obsequió con una mirada de simpatía.

"¿También te han hecho enfadar?" Se volvió a sentar en la silla cercana al fuego.

"Te diré lo que sé, aunque no es gran cosa. El padre de Kalen, el Duque, aunque es hasta decente para ser un mortal, no tiene mucho interés. Las hermanas Iylar, que son madres de los chiquillos, han tenido un pasado interesante, aunque aparentemente han vivido durante muchos años en la isla de Veriadar."

"Eso era parte del reino élfico de Urulan, ¿no?"

"Sí, y sobrevivieron a la caida de ese reino, aunque fue declinando hasta convertirse en una región rústica, poblada por elfos Erlini en su mayoría, creo. En algún momento, aparentemente la madre de su escudero quedó preñada en circunstancias y detalles que aún no he sido capaz de descubrir, y las hermanas huyeron de Veriadar hasta Rhakhaan."

"¿Cómo es eso posible? El escudero es más joven que su noble primo."

"Justo. Es un misterio. Mis fuentes me han dicho que la hermana embarazada cayó en un sueño mágico de algún tipo durane muchos años. Otra vez, los detalles son confusos. Pero he sentido el poder de la Aesencia, y tú también, o si no, no les hubieses permitido venir aquí."

"¿Y esperas que ahora pueda sacarles más información?" Zaris movió sus dedos.

"Bueno, ha sido casualidad el que hayan venido hasta aquí. Apreciaría cualquier información que me pudieras dar."

"Y dime, ¿cómo has llegado a estar interesado tú en estos dos?".

"Uno de mis estudiantes los encontró en el norte, cerca de la frontera de Zor. Logró percibir su naturaleza... especial. También piensa que otras fuerzas menos dispuestas hacia el bien también se dieron cuenta." finalizó Randae de forma ominosa.

"Me pregunto qué les ha movido a venir hasta aquí" murmuró Zaris.

"Creo que percibo la mano de Tethior en este asunto. Kalen es el heredero del ducado de Rhakhaan. Dudo que nadie vivo comprenda la verdadera naturaleza y la inteligencia de los objetos que Andraax y Tethior construyeron cuando intentaron domesticar Jaiman."

Zaris no contestó, pero sabía lo que quería decir Randae. En toda su larga vida, nunca había estado en contacto con artefactos que tuviesen control voluntario sobre su destino como los que creó el artífica Tethior. A veces tenía el extraño sentimiento que su propio colgante de Grifo le sugería cosas, o le empujaba a elegir una opción antes que otra. Pero, sólo los yelmos que portaban los reyes de los seis reinos se suponía que intentaban moderar las acciones de sus portadores. En ningún sitio de los escritos de Tethior se decía nada sobre imbuir voluntad o inteligencia en espadas o colgantes.

"Pero aún así, sigue sin ser la principal razón por la que he venido esta noche" interrumpió Randae su discusión mental. "Eres una de los Maestros Ilarsíri de la zona, ¿verdad?"

Zaris miro duramente al Señor del Saber.

"¿Qué te hace pensar semejante cosa?"

"Sólo es una suposición. Y el juicioso uso de uno de los orbes menores."

"¡Juicioso! ¡No creo que eso sea posible! Los orbes son peligrosos, especialemente los menores. Si alguien de gran poder y habilidad está usando uno de las piedras maestras, podrán percibirte, ¡incluso tus pensamientos!"

"Lo sé. Supongo que esa será la razón por la que el Alto Concilio de los Señores del Saber ha prohibido el uso de de nuestra Ilarsír Maestra."

"Prudente" Zaris se levantó con los brazos cargados de pergaminos y los puso cuidadosamente en un anaquel.

"Temo que es algo tarde para la prudencia." Randae hizo bailar sus dedos sobre el brazo de la silla.

"¿Tarde? ¿Por qué dices que es tarde? Es verdad que los siervos del Viento Férreo se mueven otra vez, pero no es la primera vez. Hablas como si sucediese algo inlcuso peor, algo que necesite de medidas desesperadas."

"No lo sé con seguridad..." dijo Randae lentamente. "Pero sospecho que algo realmente terrible va a suceder. También pienso que el Concilio lo sabe pero que no quieren o temen actuar.

"¿Y crees que estos jóvenes tienen algo que ver?" La voz de Zaris denotó un tinte de burla, pero interiormente sólo sintió pavor. Randae tenía el mismo presentimiento, que algo catastrófico iba a suceder.

"He aprendido a fiarme de mi intuición." Randae se levantó y metió sus manos en su jubón de seda negra e inclinó la cabeza ante del Canciller a modo de despedida. "Y ahora, creo que se me acabó el ser bienvenido."

"Ten unas buenas tardes, Señor del Saber Terisonen. Te haré saber si descubro algo de interés". Zaris asintió ligeremente en respuesta.

Randae colocó dos dedos sobre un amuleto de plata que tenía alrededor del cuello. Un resplandor azulado emergió del objeto, para envolver en unos segundos al Señor del Sasber. La figura brillante se volvió opaca al comenzar a encogerse. Un momento más tarde era un solitario punto de luz, que desapareció, llevándose a Randae con él.

"Te crees que puedes desaparecer como la gente que se teletransporta habitualmente." Zaris murmuró mientras ponía órden en los papeles de su escritorio. No podía posponer la visita a la piedra maestra Vidente más tiempo.